martes, 13 de septiembre de 2016

Un gigante llamado Roald Dahl

Uno de los escritores más leídos e influyentes de nuestra generación
(The Times)


En El Arca de Noelio celebramos hoy por todo lo alto el centenario del nacimiento de Roald Dahl, uno de los más grandes magos de la literatura universal. 


Nacido el 13 de septiembre de 1916 en Llandaff, un pueblo de la ciudad de Cardiff (País de Gales), en el seno de una familia procedente de Noruega, Roald era el tercero de cinco hermanos y el único varón. 


Su padre, Harald Dahl, era el propietario de una provechosa empresa de suministros naúticos.


Su madre, Sofie Magdalene Hesselberg, era la segunda esposa de Harald, tras el fallecimiento de la primera, Marie, en el parto de su segundo hijo. 

Cuando Roald contaba tres años de edad, Astri, su hermana mayor, murió de apendicitis. Esto llevó al padre a una profunda depresión que se agravó en una neumonía, falleciendo poco tiempo después. 

Sofie, entonces embarazada de Asta, se vio sola al cargo de tres niños propios (Alfhild, Roald y Else) y otros dos del anterior matrimonio de Harald (Louis y Ellen). Con problemas económicos, la familia Dahl se vio obligada a trasladarse a una casa más pequeña en Llandaff. 



Hasta sus seis años, la vida de Roald transcurrió feliz, con viajes a Noruega con su familia durante el verano.


A los siete entraba en The Cathedral School de Llandaff, su primer contacto con el rígido sistema educativo inglés que, más adelante, reflejaría en algunos de sus libros. 


A los nueve, Roald era internado en el St. Peter’s Preparatory School

Aquellos fueron días de horror, de disciplina feroz, de no hablar en los dormitorios, de no correr por los pasillos, de ninguna clase de dejadez, de nada de esto ni de nada de lo otro, sólo reglas que había que obedecer. Y el temor a la palmeta se cernía constantemente sobre nosotros, como el miedo a la muerte. Nos pegaban por hablar en el dormitorio después de apagarse las luces, por hablar en clase, por no hacer bien los trabajos, por grabar nuestras iniciales en el pupitre, por saltar muros, por ir desaliñados, por tirar clips, por olvidarnos de cambiarnos los zapatos por la noche, por no colgar las prendas que nos poníamos para hacer deporte y, sobre todo, por causar la menor ofensa a cualquier maestro. Dicho de otro modo, nos pegaban por hacer todo lo que era natural que hicieran unos niños como nosotros


Y a los trece años de edad, tras concluir la escuela preparatoria, Roald era enviado interno a Repton, en Derbyshire, un colegio cuya disciplina era aún más férrea. 

Roald Dahl no fue feliz en ninguno de estos centros educativos, si bien destacó en deporte, especialmente como peso pesado de boxeo. Por su parte, su profesor de inglés le consideraba “incapaz de ordenar sus pensamientos sobre el papel”.

Pero había una ventaja para Roald en su estancia en Repton: la escuela estaba cerca de Cadbury’s, empresa que involucraba regularmente a los escolares en la prueba de nuevas variedades de tabletas de chocolate...


Roald con sus hermanas Alfhild, Else… y la pequeña Asta


Tras finalizar a los 18 años sus estudios en Repton, Roald comenzó a trabajar en el Departamento Oriental de la Shell Oil Company. Tres años más tarde, la compañía le enviaba al África Oriental…

“Durante los dos años siguientes trabajé para la Shell en Tanzania, mi oficina central estaba en Dar es Salaam. Era una vida fantástica (…) Aprendí a hablar swahili. Viajaba hacia el interior del país visitando minas de diamantes, plantaciones de sisai, minas de oro y todo lo demás. Había jirafas, elefantes, cebras, leones y antílopes por todas partes, y también serpientes…”



Y al estallar la Segunda Guerra Mundial, ya con 23 años, ingresó como piloto de aviación en la Royal Air Force (RAF) en Nairobi. Como consecuencia de un aterrizaje forzoso en el desierto de Libia, sufrió graves lesiones y debió pasar en Alejandría varios meses hospitalizado con una fractura de cráneo. Tras su recuperación, volvió a volar y en mayo de 1941, el pequeño grupo de pilotos sobrevivientes de la RAF fue enviado a Haifa, en el norte de Israel. Debido a las graves heridas recibidas al estrellarse su avión en el desierto, Dahl comenzó a sentir fuertes dolores de cabeza. Fue examinado y finalmente enviado de regreso a Inglaterra.

“Vi a mi madre cuando el autobús se encontraba aún a un centenar de metros. Estaba esperando pacientemente fuera de la puerta de la casa, esperando que llegara el autobús y, por lo que supe luego, aguardaba allí desde que llegó el autobús anterior, una o dos horas antes. Pero, ¿qué es una hora, o incluso tres, cuando se llevan esperando tres años?”

En 1942, ya recuperado de sus heridas, Roald fue destinado a Washington como asesor en asuntos de aviación bélica, y hasta 1945 trabajó para la Seguridad Británica en Estados Unidos. 



Roald Dahl tenía 26 años cuando el autor británico C. S. Forester, que trabajaba entonces para el Saturday Evening Post, le pidió que le relatara alguna de sus experiencias sobre la guerra. Dahl le envió una historia por correo y Forester quedó realmente impresionado por su talento literario.

“Querido RD: se suponía que me daría notas y no una historia acabada. Estoy desconcertado. Su narración es maravillosa. Es la obra de un escritor dotado. No he tocado ni una sola palabra (…) ¿Sabía que era escritor?”

Y Forester envió el relato de Roald, tal cual, al Saturday Evening Post, publicándose aquí en 1941, firmado por el propio Dahl…


… con el título “Shot down over Libya”.


Esta historia escrita de Dahl cambiaba más adelante su título por el de “A piece of cake” (Pan comido) y se convertía en el primero de los relatos de temática bélica recopilados en 1946 en el libro “Over to you: 10 stories of flyers and flying”.


A comienzos de los años 50, Roald Dahl escribía ya relatos cortos en publicaciones como “Collier’s” o “New Yorker”. También por aquel entonces se empezaban ya a adaptar sus historias en la gran y pequeña pantalla.


El 2 de julio de 1953, en la Trinity Church de Nueva York, Roald contraía matrimonio con Patricia Neal, actriz ya conocida por el espectador americano por títulos tan clásicos como “El manantial”, “El rey del tabaco”, “La flota silenciosa” o “Ultimatum a la Tierra”.


Patricia y Roald vivieron en Gipsy House, en Great Missenden, Buckinghamshire…





… con su cinco hijos: Olivia, Tessa, Theo, Ophelia y Lucy.

Y en aquel lugar, en una pequeña cabaña al fondo del jardín, Dahl escribiría la mayor parte de sus inolvidables libros.


La cabaña era un lugar pequeño y sombrío, aunque Roald lo veía como un refugio acogedor. 

Una cortina de plástico sucia cubría la ventana. En el centro, había un sillón de orejas descolorido, heredado de su madre, y era allí donde se sentaba Dahl, con los pies encima de un baúl, con las piernas tapadas con un trapo de cuadros apoyando un rollo de papel ondulado sobre el que apoyaba su tabla para escribir. Había dibujos, fotografías y otros recuerdos pinchados por las paredes, y, a su derecha, una mesa cubierta por una colección de sus curiosidades favoritas, tales como uno de los artríticos huesos de su cadera, y una extraordinariamente pesada bola de papel hecha de papel de plata usado en las muchísimas chocolatinas consumidas en su juventud
(Christopher Simon Sykes, Harper & Queen)

La primera mitad de la década de los 60 estuvo teñida por la desgracia familiar. En 1960, su hijo Theo sufrió un accidente que le provocó hidrocefalia. Junto a dos amigos – un neurocirujano y un ingeniero – Roald ideó un dispositivo (Wade-Dahl-Till) para aliviar la presión craneal. Theo se recuperó antes de que se perfeccionara el dispositivo, pero luego éste permitió que miles de personas con hidrocefalia mejoraran de sus lesiones. 

Olivia, la hija mayor de Patricia y Roald, fallecía en 1962, con tan sólo siete años de edad, tras un sarampión que degeneró en encefalitis…

Y en 1965, Patricia (embarazada entonces de Lucy) sufrió tres aneurismas cerebrales que le provocaron parálisis y pérdida del habla.



La ayuda y el apoyo de Roald llevó a su mujer a recuperarse casi en su totalidad, siendo incluso capaz de reanudar su carrera como actriz...


Patricia Neal y Roald Dahl se divorciaron en 1983, mismo año en el que él se volvía a casar con Felicity Ann Crosland, Liccy Dahl, quien más adelante participaría en la adaptación cinematográfica de “Matilda” (1996) y “Charlie y la fábrica de chocolate” (2005). Liccy tenía tres hijas (Neisha, Charlotte y Lorina) de su anterior relación. 


Ocho años después de su segundo matrimonio, el 23 de noviembre de 1990, Roald nos dejaba a los 74 años de edad. 

Lo hacía todo con brío. Preparaba unos huevos escalfados que servía en trozos de pan frito a los que hacía unos agujeros para que parecieran nítidos. No había un momento en el que no estuviera inventando o haciendo la vida divertida
(Liccy Dahl)

A lo largo de su vida, Roald Dahl donó dinero para diferentes causas. Tras su muerte, su viuda Liccy continúo su labor con The Roald Dahl Foundation, fundación que ofrece becas en tres áreas básicas: alfabetización, neurología y hematología, apoyando o financiando proyectos que ayuden a la gente de forma práctica. La fundación está también acercando la música clásica a los niños, haciéndola divertida a través de composiciones musicales basadas en la obra literaria de Dahl. 

Para aquellos que lo conocían bien lo más importante era su fantástico entusiasmo y su gran generosidad. ‘¡Extraordinario!’, solía gritar montando una mesa repleta de su comida favorita: gambas noruegas, o langosta, o caviar o un exquisito bistec. Sus afortunados invitados eran forzados a repetir dos o tres veces. Con el café, ponía en la mesa una mugrienta caja de plástico repleta de golosinas de chocolate, irresistibles tanto para los perros como para los niños y adultos
(Spiv Barran, cuñado de Dahl)


Las historias de los libros infantiles de Roald Dahl tenían su origen en los cuentos que él les contaba a sus hijos...

Todas las noches, después de que mi hermana Lucy y yo nos fuésemos a la cama, mi padre subía lentamente las escaleras, con sus huesos crujiendo más que los escalones, para contarnos una historia. Lo veo ahora apoyado en la pared de nuestro dormitorio con las manos en los bolsillos y la mirada perdida, buscando en su imaginación. Era allí, en nuestro dormitorio, donde él empezaba a contar las historias que más tarde se convertían en los libros que ustedes conocen
(Ophelia Dahl)

Los gremlins” fue su primer libro infantil. Los gremlins eran pequeñas criaturas que vivían en los aviones de la RAF y los verdaderos culpables de las averías, derribos accidentales y demás percances sin causa aparente. La historia se publicó en el Cosmopolitan Magazine en 1942 y Walt Disney se interesó por llevarlo a la gran pantalla.




Dahl estuvo trabajando en el estudio de animación de Walt, supervisando el trabajo y aportando ideas para el proyecto, pero finalmente no se llevó a cabo…



… aunque sí fue publicado como libro en 1943 por Random House.

Después llegaron otros libros dirigidos a los niños; algunos de estos títulos son hoy ya clásicos de la literatura infantil y juvenil…

James y el melocotón gigante (1961)
“Este libro es para Olivia y Tessa”

“Si quieres recordar cómo se vive en el mundo de un niño, tienes que ponerte a cuatro patas y vivir así durante una semana. Descubrirás que tienes que mirar hacia arriba a esos… gigantes que te rodean y que están siempre diciéndote lo que tienes o no tienes que hacer”

Charlie y la fábrica de chocolate (1964)
“Para Theo”

Alejados del imperfecto mundo de los adultos, los más jóvenes encontrarán en los libros del galés el billete dorado que les abrirá las puertas de la fábrica de historias eternas de Roald Dahl
(Jorge Morla. Cien años de la magia de Roald Dahl. El País)

El dedo mágico (1966)
“A Ofelia y Lucy”

Le encantaba coleccionar cosas. Cuando era joven eran huevos de pájaro y envoltorios de chocolatinas. De adulto, coleccionaba vino y cuadros. Pero también coleccionaba ideas. Tenía un pequeño cuaderno donde anotaba palabras cuyo sonido le gustaba. Su mente era nerviosa, como sus dedos, que estaban siempre en movimiento, como si quisiera envolverlos alrededor de un lápiz y seguir escribiendo
(Ophelia Dahl)

El Superzorro (1970)

“Observa con ojos brillantes al mundo que te rodea, porque los secretos más grandes están siempre escondidos en los sitios más insospechados. Aquellos que no creen en la magia nunca la encontrarán”

Charlie y el gran ascensor de cristal (1973)
“Para mis hijas TESSA, OPHELIA, LUCY
y para mi ahijado EDMUND POLLINGER

Danny, el campeón del mundo (1975)
“Este libro es para toda mi familia: Pat, Tessa,
Theo, Ophelia, Lucy”

Dahl es extraordinariamente cercano porque asume una posición próxima al niño y crítica con el adulto. Es transgresor, cuestiona la autoridad, pero es un cuestionamiento placentero, sarcástico. Hay humor y hay crítica en su obra, pero no hay en ella una incomodidad con respecto al mundo que critica.
Sin duda, una de las claves de su literatura son sus protagonistas. Personajes extraordinarios que desnudan las contradicciones del mundo de los adultos.
Sintetiza elementos clásicos, como puede ser la figura del huérfano, pero los dota de una nueva significación. Dahl renueva el concepto de aventura, que ya no tiene que suceder en una isla lejana. Ahora puede ser en un entorno cotidiano
(Gonzalo Puerta, especialista en literatura infantil)

El enorme cocodrilo (1978)
“A Sophie”

Los cretinos (1980)

La maravillosa medicina de Jorge (1981)
“Este libro está dedicado a todos los médicos del mundo”

Roald Dahl fue el contador de historias de nuestro tiempo
(Sainsbury’s – The magazine)

El Gran Gigante Bonachón (1982)
“Para Olivia (20-4-1955 / 17-11-1962)”

Las brujas (1983)
“Para Liccy”

“Sólo escribo acerca de lo que es divertido y excitante. Los niños saben que estoy de su parte”

La jirafa, el pelícano y el mono (1985)
“A Neisha, Charlotte y Lorina”

Matilda (1988)
“Para Michael y Lucy”

Nadie puede discutir el enorme papel que ha jugado en enganchar a los niños a la lectura, ofreciéndoles la clase de historias que realmente querían leer. También estilísticamente ayudó a los nuevos lectores usando un lenguaje sencillo y adecuado. La calidad de su escritura es fácil de discernir por la fluidez con que puede ser leída en voz alta… Para muchos niños, Roald Dahl es sinónimo de lectura. Es el único autor cuyos libros son de uso corriente entre los niños, pasando de mano en mano en cuanto aparecen
(The Independent)

“Me apasiona enseñar a los niños a convertirse en lectores, a sentirse cómodos con un libro, no impresionados. Los libros no deberían asombrar, deberían ser divertidos, apasionantes y maravilloso; y aprender a ser lector significa una enorme ventaja”

Agu Trot (1990)

El vicario que hablaba al revés (1991)

Los Mimpins (1991)

Roald Dahl también escribió libros de poesía para el lector infantil:




Cuentos en verso para niños perversos (1982), ¡Qué asco de bichos! (1984) y Puchero de rimas (1989).



El ilustrador británico Quentin Blake fue un delicioso compañero de trabajo para Roald Dahl en muchas de sus obras.

“Pienso que coincidimos mucho. Tiene esa enorme agudeza y cuando dibuja siempre hace una afirmación sobre el personaje. Cuando dibuja una cara dice algo sobre ella. Si es una persona mala la hace muy mala. Creo que es el mejor ilustrador de libros infantiles que hay en el mundo en este momento”


Ningún otro autor ha combinado imaginación, inteligencia y peculiaridad tan bien como Roald Dahl. Sus libros muestran gran habilidad literaria, combinando un estilo vigoroso con un poderoso uso del lenguaje
(Junior Education)

La literatura para adultos de Roald Dahl también es de indudable interés y calidad.


“En cierto sentido, escribir es todo propaganda. Se puede atacar la avaricia o el egoísmo haciendo que parezcan ridículos. El mayor atributo de un ser humano es la bondad, y todas las demás cualidades, como la valentía y la perseverancia son secundarias ante ella”

Dahl sobresalió especialmente en el relato corto, con historias mordaces e impactantes rayanas en la irrealidad y lo morboso y macabro en muchos casos; en ellas creó un clima amenazante, extraño, vinculado a la irracionalidad, combinando el humor negro con el suspense. 

Sus obras enfocadas a un lector más adulto suelen tener finales sorprendentes y una orientación deliciosamente perversa que aborda, además de su visión sardónica de las relaciones humanas, temas involucrados con la ecología.


Muchas de sus historias cortas fueron escritas originalmente para revistas americanas como “Ladies Home Journal”, “Harper’s”, “Playboy” o “The New Yorker”. Posteriormente, fueron reunidas por Dahl en antologías, ganando popularidad a nivel mundial. 


Gracias a la colección de relatos cortos “Someone like you” (1953), Dahl alcanzó renombre internacional. Posteriormente publicó otra antología de relatos con el título de “Kiss, kiss” (1959).

 

Llegaron también novelas como “Some time never. A fable for Supermen” (1948) o “Mi tío Oswald” (1979)…




… y los volúmenes de relatos “El gran cambiazo” (1974), “Historias extraordinarias” (1977) o “Relatos de lo inesperado” (1979).


Roald además escribió “The Honeys” (1955), una obra de teatro basada en algunas de las historias de “Someone like you” y representada en el Longacre Theatre de Nueva York. 

Así como otros libros de carácter autobiográfico…


Boy (relatos de infancia)” (1984), recuerdos de su infancia y juventud centrados en la educación británica; libro que dedicó a sus hermanas Alfhild, Else y Asta, y a sus hermanastros Ellen y Louis…


… “Volando solo” (1986), donde recuerda su trabajo en la Schell y en la RAF


… “Memories with food at Gipsy House” (1991), escrito con su esposa Felicity; una mezcla de recetas, recuerdos familiares y reflexiones de Dahl…


… o “Mi año” (1993) donde desgrana recuerdos de su vida a través de la naturaleza que le rodea. 

“La vida de un escritor es un verdadero infierno comparada con la de un empleado. El escritor tiene que obligarse a trabajar. Ha de establecer sus propios horarios y si no acude a sentarse a su mesa de trabajo no hay nadie que le amoneste…


… Si es autor de obras de ficción, vive en un mundo de temores. Cada nuevo día exige ideas nuevas, y jamás puede estar seguro de que se le vayan a ocurrir. Dos horas de trabajo dejan al autor de ficción absolutamente exhausto. Durante esas dos horas ha estado a leguas de distancia, ha sido otra persona, en un lugar distinto, con gente totalmente distinta, y el esfuerzo de volver al entorno habitual es muy grande…


… Es casi una conmoción. El escritor sale de su cuarto de trabajo como aturdido. Le apetece un trago. Lo necesita. Es un hecho que casi todos los autores de ficción beben más whisky del que les conviene para su salud. Lo hacen para darse fe, esperanza y ánimo. Es un insensato el que se empeña en ser escritor. Su única compensación es la libertad absoluta. No tiene quien le mande, salvo su propio espíritu, y eso, estoy seguro, es lo que le tienta”

Sus más de 60 historias cortas le otorgaron tres Edgar Awards: en 1954, por la colección “Someone like you”; en 1959, por la historia “The landlady” (La patrona); y en 1980, por el episodio de “Tales of the unexpected” basado en “Skin” (Tatuaje). 


“Si piensas llegar a alguna parte en la vida,
tienes que leer muchos libros”

Los tuyos, Roald Dahl. Todos ellos. 


. Roald Dahl. Biografías y vidas. La Enciclopedia biográfica en línea
. Cien años de la magia de Roald Dahl. Jorge Morla. El País
. Web Roald Dahl – I.E.S. AXUNQUEIRA I
. Imaginaria. Revista quincenal sobre literatura infantil y juvenil