sábado, 26 de marzo de 2011

Recordando a Tennessee Williams

A los catorce años descubrí la escritura como un escape del mundo real, en el que me sentía terriblemente incómodo. De inmediato se convirtió en mi lugar de retiro, mi cueva, mi refugio


Hoy se conmemora el centenario del nacimiento del escritor norteamericano Tennessee Williams.

Junto a múltiples homenajes fuera de la escena, como una larga serie de exposiciones, Broadway lo celebra representando “El tren de la leche ya no pasa por aquí”, montaje que tan sólo encabeza un sinfín de ellos por los escenarios de todo el país.

La representación más curiosa, la programada por la compañía Austin Shakespeare en la ciudad de Austin (Texas), en la que se representarán los muy variados finales que el escritor imaginó para su obra “Verano y humo”, en la línea de la conocida obsesión del autor por la incesante reescritura.


No siento ningún aprecio especial por los escritores, pero me  inclino a pensar que lo que más motiva a la mayoría de ellos y a la mayoría de los demás artistas es su vocación desesperada de encontrar y de saber distinguir la verdad dentro del conjunto de mentiras y evasiones en que vivimos

El pequeño Tom con su madre Edwina y su hermana Rose

Thomas Lanier Williams nació el 26 de Marzo de 1911 en Columbus, Mississippi. Segundo de tres hermanos habidos en el matrimonio entre Cornelius Coffin y Edwina Williams, firmó con su nombre sus primeros poemas y cuentos. En 1939 se puso “Tennessee” como un modo de decirle gracias a un sitio donde había pasado años infantiles dichosos.


Ya antes de cumplir los veinte años, Williams era un escritor “confirmado”, como él mismo decía, por la fuerte vocación y el trabajo. Poeta, narrador y dramaturgo, dedicó al teatro sus mayores esfuerzos creativos.

“¿Por qué escribo? Porque encuentro la vida insatisfactoria

Recorriendo el país, Tennessee llegó a finales de los años 30 a Hollywood, donde fue contratado como guionista. Y aunque su primer guión fue rechazado, de él surgió una obra, “El zoo de cristal”, que estrenó en 1945 en Nueva York con gran éxito. Llega así la consagración nacional e internacional.

Tras esto, un éxito aún mayor con el estreno en 1947 de “Un tranvía llamado deseo” (Premio Pulitzer en 1948). Cuando escribió la obra, Williams tenía en mente a Tallulah Bankhead para el papel de Blanche Dubois, actriz que finalmente interpretó dicho personaje en Broadway en 1956. 


Y otras obras vinieron detrás. La gata sobre el tejado de zinc caliente” (por la que también recibiría el Premio Pulitzer), “La rosa tatuada”, “Verano y humo”, “De repente, el último verano”, “La primavera romana de la señora Stone”, "Dulce pájaro de juventud", “La noche de la iguana”…

"Todos mis personajes se inspiran en mí. No puedo crear un personaje que no lleve dentro"

Las obras de Tennesse Williams retratan los ambientes sureños por los que transcurrió su vida y están pobladas de personajes inadaptados enfrentados a la sociedad.


Creo que el odio es una cosa, un sentimiento, que sólo puede existir cuando no hay comprensión. Dado que soy un miembro de la raza humana, cuando ataco el comportamiento del hombre ante sus prójimos obviamente me estoy incluyendo en el ataque, a menos que no me considerara humano sino superior a la humanidad. No es así. De hecho, no puedo exhibir una debilidad humana en el escenario si no la conozco por padecerla yo mismo

Los personajes de Williams son conscientes de que viven en una sociedad corrupta pero no se plantean el combate, sino más bien buscar un pacto imposible.

Todos nosotros somos gente civilizada, lo cual significa que somos salvajes de corazón pero que somos capaces de observar unas pocas normas de conducta civilizada”

Porque este pacto es con el espectador, del que busca su complicidad.


Erróneamente entenderían mi obra como una denuncia de la moral norteamericana, sin comprender que escribo sobre la violencia de la vida norteamericana sólo porque no estoy tan familiarizado con la sociedad de otros países

Motivo de rechazo por algunos críticos fue el tono melodramático de sus obras y sus personajes marcados por condicionantes patológicos. Sin embargo, él como nadie sabía transformar el exceso y artificio en un lenguaje coloquial impregnado de tensión poética y transformando lo estridente en un fluir sencillo y memorable.

“He mostrado buen número de flaquezas y brutalidades humanas y, consecuentemente, las padezco. No quiere esto decir que yo tenga más conciencia de las mías que cualquier otra persona de las suyas propias. La culpa es universal”

El teatro de Williams parece sólo desplegar preguntas que aumenten la conciencia sobre nuestra incapacidad de dominar nada, pero sin respuestas claras.


No hay en su teatro “personajes positivos” que muestren el camino, cívico o político, a seguir. Las últimas palabras de la protagonista de "Un tranvía llamado deseo" son reveladoras: Yo he dependido siempre de la bondad de los extraños .

Toda mi vida me ha acosado la obsesión de que desear o amar algo intensamente es ponerse en posición vulnerable, tener todas las posibilidades, sino probabilidades, de perder lo que uno más quiere

Entre 1971 y 1975, Tennessee Williams escribió “Memoirs”, un repaso cronológico relativamente lineal, aunque sometido al capricho de quien escribe con placer, deteniéndose donde más le apetece y relacionando unos hechos con otros que surgen improvisadamente.

"Todo buen arte es indiscreto. Bien, yo no puedo asegurarles que este libro vaya a ser arte, pero indiscreto tiene que serlo, puesto que trata de mi vida adulta... Claro está que podría dedicar estas páginas, en toda su extensión, a discutir el arte dramático, pero ¿no sería eso un tostón?"


Escribió unas 50 obras, de diversa extensión, y trabajó además sobre la obsesiva reescritura de sus propias piezas. La absorción y transformación de sus textos en nuevos textos sería una constante en él.

Mis obras de teatro largas surgen a partir de obras en un acto y relatos cortos anteriores que pueda haber escrito años antes, trabajo sobre ellas una y otra vez


Tennessee Williams obtuvo dos Premios Tony en 1951 por "La rosa tatuada", como mejor autor dramático y como autor de la mejor obra. Fue además nominado en tres ocasiones más, como autor de la mejor obra, en 1956 por "La gata sobre el tejado de zinc caliente", en 1962 por "La noche de la iguana" y, póstumamente, en 1999 por "Not about Nightingale".

"Pero no es al acto de morir al que temo: es al olvido. Nadie se va a acordar, realmente, de ese Thomas Lanier Williams, borracho, un poco loco, algo escritor, que nació en la dura ciudad de Columbus, Mississippi, un 26 de Marzo de 1911, y se autobautizó Tennessee


El 25 de Febrero de 1983 nos decía adiós, a los 71 años de edad, uno de los mejores escritores de la literatura mundial.

"La verdad es que, al menos para mí, Blanche y su creador eran intercambiables: compartían la misma sensibilidad, la misma inseguridad, la misma melancólica lujuria"

(TRUMAN CAPOTE)

4 comentarios:

El Tirador Solitario dijo...

Vaya, pedazo de post te has trabajado, Noelio.
Pocos autores habrán sido llevados al cine con tan buena fortuna como Tennessee Williams, no sé si porque sus obras eran muy cinematográficas, o porque fueron tratadas por cineastas deslumbrantes.
De las que he visto, y mira que es difícil elegir, me quedo con "De repente el último verano" una película y un texto desasosegante, con aristas por todos sitios...

Noelio dijo...

Gracias, Tirador. Y si no hubiera tenido que sacar el post ayer, aún estaría leyéndome cosas acerca de él porque no veas cómo absorbe su historia...
Sí, yo también he pensado en lo bien adaptado que ha sido al cine. Y supongo que sería por lo que dices y porque él mismo fue el guionista de algunas de ellas. A mí me han gustado todas las adaptaciones cinematográficas suyas (las clásicas, se entiende), pero tengo debilidad por "Un tranvía...", me parece un películón con mayúsculas con cuatro actores de órdago. Pero ya te digo que me gustan todas ellas.

Una dijo...

De cuántas cosas se entera una!!
Siempre que una se lea tus post, claro..

Noelio dijo...

Y si una no se lee mis post se puede enterar también, pero no de esta manera.
Sigue, sigue leyéndolos...